Hacia Tlaxcala

El pico de Orizaba
como un castillo en el aire.
El paisaje fantasmal
no existe en realidad:
en el país de nunca acabar
todo puede esfumarse
y desaparecer
entre la bruma matinal.

Un haz de luz
entre dos cerros:
reloj del asombro,
brújula de elucubraciones.

Mis ojos han grabado la escena.